Autor: Dr. D. Santiago Durán García, Académico de Número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla

A Juan José Cruz le prescribieron ejercicio cardiovascular junto al tratamiento farmacológico cuando en 2023 tuvo un infarto. Le recomendaron practicar una pauta concreta al menos cinco días a la semana, pero él casi siempre cumple los siete. Normalmente, tres sesiones son de bici estática y el resto de marcha a buen ritmo, junto a su perro Bruno. «Solemos recorrer unos cuatro kilómetros, siempre fijándome en que las pulsaciones no me suban por encima de las 140 o 150 por minuto, como me dijo el médico», apunta. Antes del infarto, este madrileño de 59 años hacía deporte «de vez en cuando». «Pero no con esta intensidad ni con la mentalidad de que con el ejercicio estoy cuidando mi salud, de que es parte de mi tratamiento», reconoce.

Se enganchó en el programa de rehabilitación cardiaca que recibió en el Hospital Infanta Leonor de Madrid, pero echa de menos el apoyo de la Atención Primaria. «Que también hagan un seguimiento más constante, más exhaustivo, que te hicieran pruebas de esfuerzo, diferentes propuestas… Mejoraría mucho la salud de la gente», dice Cruz, que preside la Asociación de Cardiópatas Valle-Kas y que tiene claro que tanto él como otros miembros del colectivo no estarían «igual de bien sin el ejercicio».

Ratifica sus palabras Montserrat Romaguera, coordinadora del Grupo de Actividad Física y Salud de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). «Los beneficios del ejercicio en la salud y el bienestar de las personas están muy documentados», subraya.

Hay evidencias claras de sus efectos positivos en la prevención, el manejo y el control de las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes, el cáncer de mama y de colon o la demencia. También frente a los trastornos del sueño, los respiratorios, la ansiedad y la depresión y para prevenir la fragilidad en las personas mayores, por citar algunas indicaciones en una lista muy larga. «Si el ejercicio pudiera empaquetarse en una pastilla, sería el medicamento más recetado y beneficioso del país», acuñó el gerontólogo estadounidense Robert Butler en una frase que repiten todos los expertos en la materia. Y, sin embargo, pese a todas estas evidencias, la receta de ejercicio sigue siendo una práctica bastante excepcional en el sistema sanitario.

EJERCICIO FÍSICO, UN COADYUVANTE UNIVERSAL

Un metabolito liberado con el ejercicio físico reduce el apetito

El efecto del ejercicio físico sobre la salud es mayor de lo que se pensaba.

La Organización Médica Colegial acaba de crear el Grupo de Trabajo de Salud y Deporte. «Esta iniciativa estratégica tiene como objetivo integrar de forma efectiva la actividad física y el deporte en el Sistema Nacional de Salud como herramienta clave para la prevención, el tratamiento y la mejora de la salud de la población», explica José Ramón Pallás, coordinador del grupo. La meta es que el ejercicio se convierta «en un agente terapéutico de primer orden, equiparable a cualquier otro tratamiento». Pero, para conseguirlo, reconoce, primero hay que derribar algunas barreras. «Uno de los principales problemas es que para prescribir ejercicio hace falta formación», señala el especialista, que, entre otras medidas, reivindica la recuperación de la especialidad de Medicina del Deporte.

«Se necesitaría mejorar la formación de los médicos de Atención Primaria en prescripción de ejercicio, ya que hoy en día faltan conocimientos específicos y el tiempo en consulta es limitado», añade Rodrigo Santos Santamarta, miembro del Grupo de Trabajo de Medicina Deportiva de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Para que la prescripción de ejercicio sea efectiva, coinciden en señalar los especialistas consultados, no sirve con recomendar algunos consejos genéricos, como el consabido «tiene que salir a caminar». Estas indicaciones son demasiado indeterminadas y abiertas y no sirven para que el paciente alcance los efectos y la intensidad que se necesitan para afrontar muchas patologías.

Como en cualquier tratamiento, con el ejercicio también deben prescribirse dosis, tiempo e intensidad adaptada a las características y las necesidades de los pacientes. «También se necesita identificar cómo van respondiendo los sujetos al ejercicio porque, como ocurre con los fármacos, hay que comprobar si está siendo eficaz», apunta José Antonio Casajús, responsable del grupo GENUD de la Universidad de Zaragoza (CIBERobn).

Como el resto de especialistas, el investigador también considera que se necesita más formación entre los sanitarios y también entre los profesionales del ejercicio físico, que hasta ahora están muy orientados hacia el deporte y poco hacia la salud. Pero, además, subraya, que habría que abordar la falta la coordinación entre los recursos disponibles en las administraciones.

«En España tenemos todas las herramientas necesarias para implementar el ejercicio físico en el sistema», remarca Casajús. «Las distintas administraciones disponen de espacios públicos donde se pueden desarrollar programas de ejercicio físico para los distintos grupos de población, como los centros municipales, las instalaciones deportivas o los centros de mayores. Pero hoy en día no hay ninguna coordinación entre las propuestas que se hacen desde estos centros y las necesidades de Atención Primaria. Los centros de salud y estas instalaciones deportivas deberían estar en contacto para ver las necesidades de esa población. Es posible, es factible, y es muy frustrante que no se esté haciendo».

Su grupo ha llevado a cabo varios estudios que demuestran los efectos positivos del ejercicio sobre la salud de los individuos. Como un reciente ensayo con 123 personas mayores de 80 años cuyos resultados publicaron el pasado mes de septiembre en la revista Experimental Gerontology. Durante seis meses, estos individuos realizaron tres sesiones semanales de entrenamiento supervisadas por personal instructor especializado. Una vez finalizada, los investigadores comprobaron que la actividad no solo había mejorado su capacidad funcional, su calidad de vida o su riesgo de fragilidad, sino que también había reducido los costes asociados a hospitalizaciones, pruebas diagnósticas y medicación. «El ahorro medio en el gasto sanitario fue superior a 1.000 euros por participante», señala Casajús, quien detalla que, a cambio, el coste de la intervención solo ascendió a 164 euros por persona.

La integración de programas estructurados de ejercicio en la estrategia de salud pública, subraya el investigador, «contribuiría en gran medida a afrontar el reto del envejecimiento poblacional», mejorando la autonomía de las personas y reduciendo el gasto. «El ejercicio no cura, pero es un tratamiento coadyuvante muy determinante para mejora el éxito de tratamientos farmacológicos y quirúrgicos en muchas patologías», subraya.

Se pronuncia en la misma línea Carmen Fiuza-Luces, jefa del Grupo de Investigación de Ejercicio Físico y Cáncer Pediátrico del Instituto de Investigación Sanitaria del 12 de Octubre de Madrid e investigadora principal de la Aceleradora, la unidad de terapia no farmacológica creada por la Fundación Unoentrecienmil en el Hospital La Paz de Madrid. Lleva décadas estudiando los efectos del ejercicio físico sobre el cáncer pediátrico y, según explica, hay evidencias claras de que ayuda a reducir los efectos secundarios de los tratamientos y a manejar sus síntomas, además de reducir el riesgo de discapacidad y promover la salud de los afectados.

Tratamientos como la quimio curan, explica la investigadora, pero también se cobran un alto peaje en perjuicios sobre el sistema cardiovascular, muscular o respiratorio. Sin embargo, hacer ejercicio contribuye a contrarrestar esos daños, entre otras cosas protegiendo el corazón y contribuyendo a mantener o incluso aumentar la fuerza muscular de los pequeños, explica.

Lo corrobora, punto por punto, la familia de Elena. A sus 14 años es «asidua» de La Aceleradora desde que en marzo del año pasado le diagnosticaron una leucemia linfoblástica aguda, el más común de los cánceres infantiles. «El primer mes tuvo que pasarlo casi entero en la cama porque tenía mucho dolor en una pierna y ahí perdió muchísima movilidad y mucha masa muscular. Pero gracias al ejercicio, que han ido adaptando a sus circunstancias y a su estado, ya vuelve a recuperar esa fuerza y la masa muscular perdida», explica Isabel, su madre. «Y eso no solo hace que los efectos secundarios sean menores, sino que ella, que está en plena adolescencia, se vea mejor, vuelva a ver ese músculo que tenía, se sienta bien físicamente y, por tanto, también psicológicamente».

La pequeña protagoniza este año la iniciativa Canastas contra el Cáncer Infantil de la Fundación Unoentrecienmil. «Al principio, el ejercicio es lo que menos te importa, solo piensas en el tratamiento y en que se cure, pero una vez que ves los efectos, para nosotros ha sido imprescindible», remarca. «Algo fundamental para su recuperación»

 

La Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla en su sesión celebrada el jueves 30 de marzo del 2023 bajo el epígrafe “Abordaje multidisciplinar en el tratamiento de la Obesidad” desarrollo en detalle este tema en la ponencia presentada por D. Santiago Durán Sanz, licenciado en Ciencias de la Educación Física y del Deporte “Necesidad de la prescripción de ejercicio físico en Primaria y en Atención Especializada”. El contenido de esta sesión fue publicado por la RAMSE – Gráficas San Antonio, grsanantonio@gmail.com. ISBN  978-84-09-57741-5, 54 páginas.

 

Fuente: Diario Médico